Tras caer en Gelsenkirchen ante el Schalke 04, el entrenador del Valencia, Unai Emery, definía muy bien cuál era la sensación que le transmitia esta eliminatoria. No ha ganado ninguno de los dos partidos, pero ha sido mejor en ambos. Eso significa que en la Champions League y en los grandes partidos no solo vale con ser mejor sino que hay que acertar en los momento claves.
Las claves están en las áreas. En todo lo demás el Valencia ha sido superior, pero, en el área contraria por falta de acierto y en el área propia por falta de contundencia defensiva los españoles han sido inferiores al Schalke. De ahí un castigo que se antoja injusto pero es una realidad.
Punto y aparte es Raúl, que parece empeñado en alargar sus días de gloria hasta un límite insospechado. En su competición favorita volverá a tener la oportunidad de disputar dos partidos más y batir absolutamente todos los registros de la Champions.
A pesar de que ya no le acompañe la juventud, esa sensación de hambre deportiva permamente le arrastra a él y a todos los que están a su alrededor. Tiene un mérito tremendo que Raúl, yéndose a un equipo de la zona media de Alemania, pueda disputar todos unos cuartos ante los ocho mejores equipos de Europa. Tengo la sensación de que el fútbol quiere despedir a Raúl como se merece.

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